Piense en la persona que le provocó el mayor daño -físico, psicológico- que recibió usted alguna vez en su vida.

Imagínese cómo sería vivir junto a él durante las próximas dos décadas. Encerrado, sometido a constantes agresiones sexuales, sin poder escapar.

Ahora puede tener usted una idea aproximada de lo que debe de haber sido la vida de Jaycee Dugard, la mujer norteamericana que fue secuestrada en 1991, cuando tenía apenas 11 años, por un perturbado ex convicto con el que tuvo dos hijas y que acaba de recuperar su libertad al cabo de 18 años.

Aquella mañana de junio, Jaycee caminó hasta el paradero del bus que la debía llevar a la escuela, en la localidad de South Lake Tahoe, a 200 kilómetros de San Francisco (California) cuando una pareja de esposos, a bordo de un automóvil, se detuvo a su lado y se la llevó por la fuerza, ante la vista de su propio padrastro. Nadie volvió a saber nada de ella. Hasta ayer.

Según la prensa norteamericana, el caso se descubrió luego de que Phillip Garrido, el secuestrador, fuera vista merodeando la Universidad de Berkeley repartiendo panfletos religiosos en compañía de dos mujeres y dos niñas.

La policía de El Dorado, al este de San Francisco, lo citó a declarar en vista de que Garrido está desde 1988 en régimen de libertad condicional de por vida, luego de que purgara prisión por delitos contra la libertad sexual. Fue en la comparecencia ante las autoridades que el hombre de 58 años reveló que la joven mujer que lo acompañaba era la niña que había desaparecido 18 años atrás.

Garrido, un sujeto desequilibrado y ultrarreligioso, ha quedado bajo arresto junto con su esposa, Nancy Garrido, quien según las primeras investigaciones fue su cómplice en esta historia de pesadilla.

Fred Kollar, comisario de El Dorado, dijo a las agencias que las niñas, de 11 y 15 años, nunca fueron a la escuela ni al médico y que pasaron su vida en cautiverio junto a su madre. Cuando la Policía visitó el hogar de los Garrido encontró que Jaycee pasó sus días en una especie de cobertizo en el patio trasero, donde apenas había unas mantas y una improvisada ducha.

Todavía no hay imágenes de Jaycee después de su liberación y las que circulan por internet son proyecciones digitales de su aspecto actual.

Esta terrible historia trae a la memoria otras similares descubiertas recientemente, como la de Natasha Kampusch, secuestrada durante ocho años hasta que pudo escapar, y de Elizabeth Fritzl, a quien su propio padre mantuvo encerrada y violó durante 24 años.

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¿Quiénes raptaron a Jaycee?

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Informe de la BBC sobre la historia de Joycee Dugard